Altar Familiar
Lección 38
Lección 38
Funcionando en Discupulado y Familia
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La segunda preparación se encuentra en:
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Levítico 16:4. Esto le llama la Biblia “cubrirse de rectitud”.
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Este paso corresponde al consejo del Nuevo Testamento: “y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24).
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Levítico 16:4 explica cómo Aarón debía entrar al lugar santo: “Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá al cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua”.
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El sacerdote debía llevar la vestidura correcta-las vestiduras que Dios le indicó que llevara.
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En efecto, un sacerdote tenía sus propias vestiduras, pero Dios, le dijo: “Si quieres venir a Mi presencia, vístete con lo que Yo te diga que te vistas”.
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La aplicación para nosotros viene de Efesios 6:11-20, en la cual Pablo habló acerca de vestirse con “la armadura de Dios” (ver.11, 13).
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Esta analogía no puede ser mal interpretada. No es tanto un concepto militar como una preparatoria. Está hablando de preparación para la oración (ver.18-20).
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Antes de que usted ore, necesita llevar puesto “el yelmo de la salvación” (ver.17). Esto se refiere a la Expiación: Tener la seguridad de ser salvos y por tener la sangre de Cristo aplicada a sus pecados.
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Usted también debe vestirse con “la coraza de justicia” (ver.14). Esto significa ser recto delante de Dios por medio de la justicia de Cristo.
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¿Por qué el sacerdote debía ponerse lino?
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El lino es una tela absorbente.
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No debía haber transpirado en la presencia de Dios. ¿Por qué? Porque sudar representaba la rebelión del hombre contra Dios.
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Y al hombre dijo (Dios): “Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan…” (Génesis 3:17-19).
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Sudar en el trabajo no era el plan original de Dios.
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Fue el resultado de la desobediencia de Adán.
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Miremos el amplio significado de esta idea.
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El sudar representa cualquier intento por alcanzar a Dios por nuestros propios méritos.
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Significa tratar de trabajar por nuestra cuenta para llegar a la presencia de Dios.
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¿Vemos ejemplos de esto hoy?
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Suponga que una persona no tiene derecho ante Dios. Para compensar, esta persona envía trescientos mil pesos a la Cruz Roja. En si no hay nada de malo con el donativo a la Cruz Roja.
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No obstante, Dios dice: “Eso no te permite entrar en Mi presencia. Te estás fatigando. Estás tratando de llegar a Mi a tu manera haciendo buenas obras, pero al mismo tiempo no vives conforme a Mi Palabra”.
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Eso es sudar (fatigarse). En ves de eso, póngase la coraza de justicia.
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La coraza protege el corazón y el área emocional.
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Con esta analogía, Dios está diciendo: “Quiero que seas puro en las áreas más importantes de tu vida.”
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Podemos hacer eso solamente si nos apropiamos de la justicia de Cristo por medio de la fe: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hecho justicia de Dios en él” (2ª Corintios 5:21).
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Por consiguiente, necesitamos vivir en esa justicia, haciendo lo que es correcto, manteniendo nuestro andar en el espíritu (Véase Gálatas 5:25).
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Cuando nos vestimos con la justicia de Dios, podemos regocijarnos ante el Señor: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como novia adornada con sus joyas”. (Isaías 61:10).
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La próxima preparación es la verdad y la honestidad.
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Echemos un vistazo de nuevo a Levítico 16:4: “… y se ceñirá el cinto de lino”.
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Necesitamos el cinto así como la coraza.
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El cinto le cubre las áreas más delicadas de su vida, las partes de las que usted no le gusta hablar, la vida secreta que sólo usted conoce. David dijo: “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría” (Salmos 51:6).
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¿Tememos a Dios como para desear ser personas de la verdad?
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Efesios 6:14, dice: “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,…”.
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Debemos estar ceñidos con el cinto de la verdad para que seamos limpios y transparentes ante el Señor. ¿Es ese su deseo?
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No hay ninguna diferencia entre la preparación del sumo sacerdote del Antiguo Testamento y lo que Dios requiere de nosotros ahora. “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quien estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón…” (Salmos 24:3-4).
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Necesitamos estar puros ante Dios, volviéndonos de nuestros caminos pecaminosos, recibiendo perdón por medio de Cristo y andando en el Espíritu. (Véase Romanos 8:3-4)
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“Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua” (Levítico 16:4b).
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Debemos estar limpios antes de entrar en la presencia de Dios.
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En Juan 15:3, Cristo le dijo a sus discípulos: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”.
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También Él oró al Padre: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17).
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Dice Efesios 5:25-26: “…así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para sacrificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra”.
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Dios no quiere pensar de nosotros que cantando himnos en el servicio de adoración sea suficiente para entrar en su presencia.
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Cristo dijo que estábamos limpios por las palabras que Él había hablado.
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¿Qué es lo que nos limpia? La palabra de Dios.
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Por eso es que necesitamos meditar continuamente en las Escrituras.
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En el antiguo Testamento, Aarón tenía que limpiarse con agua corriente.
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Tenía que lavar todo su cuerpo y vestirse de lino, para que cuando fuera al lugar santísimo del tabernáculo estuviera limpio.
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Con el cumplimiento de la ley en el Nuevo testamento, ya no tenemos que lavarnos con agua corriente.
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La palabra de Dios es nuestra agua para la limpieza espiritual.
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David enfatizó esta verdad: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti (Salmos 119:9-11)”.
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Usted necesita asegurarse de estar en la Palabra cuando viene ante Dios:
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Que usted ha leído la palabra.
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Que la Palabra está en usted y que está obedeciendo la Palabra.
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De lo contrario, usted entrará en la presencia de Dios con sus propias ideas y actitudes.
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No obstante, la palabra le lavará completamente, lo que le traerá un cambio de corazón y mente, aún sin comprenderlo.
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Además, las cosas que usted podía pensar eran sin importancia, pero para Dios eran importantes, estas serán transformadas dentro de usted. Por ejemplo, es muy fácil para nosotros olvidar el mandato: “No mintáis los unos a los otros,…” (Colosenses 3:9).
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Decimos pequeñas mentiras. Les decimos a las personas que nos encontraremos con ellos en cierto lugar. Cuando llegamos tarde, estamos en aprietos, así que decimos una mentira, justificando el por qué llegamos tarde.
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En una variedad de maneras nos cubrimos nosotros mismos, tratando de proteger nuestra reputación.
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La Palabra purificará nuestras actitudes y acciones.
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“Usted llega a ser lo que escucha. Usted llega a ser lo que piensa. Usted llega a ser lo que está en su mente. Si su mente está llena de la Palabra de Dios, entonces usted empezará a ser lo que ella dice. Ella le lavará”
